miércoles, 24 de agosto de 2016

RAJOY, CONMIGO ESPAÑA NO TIENE FUTURO PERO ME VOTAN Y QUIERO GOBERNAR, A LOS CIUDADANOS LES GUSTAN MIS TROPELÍAS


En su panglosianismo exacerbado, Rajoy cree que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que lo que sucede ocurre porque así tiene que ser.

Antes de las elecciones de diciembre, Rajoy pensaba –cosa que no suele hacer con demasiada frecuencia porque ¿para qué?- que después de los miles de tropelías protagonizadas por miembros de su formación, de su contribución insuperable a la fragmentación de España y al empobrecimiento general del país, sufriría un voto de castigo que le dejaría sin posibilidades para seguir morando en el Palacio de la Moncloa. Si su sorpresa en vísperas de Navidad fue superlativa al ver los resultados, los obtenidos por su formación en junio le llevaron al orgasmo diferido sin que mes y medio después haya podido dejar de jadear. España está conmigo, se dice una y otra vez, son los demás quienes tienen que cambiar y adaptarse a mi modo de hacer política porque es lo que conviene a España, país muy español con mucho españoles. Sin embargo, lo que nos estamos jugando estos días no es la celebración o no de nuevas elecciones, sino la subsistencia de un modo de hacer política que amenaza muy seriamente el bienestar y la libertad de casi todos. Uno solo de los casos de corrupción que ha protagonizado el Partido que dirige Mariano Rajoy habría bastado en cualquier país de nuestro entorno para provocar la dimisión irrevocable de todo el Gobierno; la situación de miseria en la que se ha obligado a vivir a millones de personas y las leyes que recortan derechos y libertades, le deberían haber deparado el repudio de los votantes. Nada de eso ha sucedido, en vistas de lo cual Rajoy espera con absoluta tranquilidad la llegada de los Reyes Magos, aunque se hunda el mundo.