jueves, 11 de agosto de 2016

Los residuos imperiales de la Alemania poshitleriana


 
 
El dirigente de la junta militar egipcia Sisi llegó a Berlín y fue recibido con alfombra roja y honores militares plenos en el Palacio Bellevue, donde se reunió con el presidente Joachim Gauck. Sin embargo, Selmin Çalskan, de Amnistía Internacional, y Wenzel Michalski, de Human Rights Watch, encabezaron el grupo de destacadas personalidades que dirigieron una carta de queja a la cancillera Merkel por la visita. Para Çaliskan, Abdul Fatah al-Sisi ha presidido una de las “peores crisis de los derechos humanos en la historia moderna”.

Pero el subimperio alemán tiene problemas y la gigantesca firma de ingeniería Siemens necesitaba un rescate por valor de 9.000 millones de dólares en un acuerdo con Egipto financiado mediante créditos a la exportación. Así pues, ¿por qué no? El propio über-imperio les había allanado ya el camino en diciembre de 2014 con la aprobación por el Congreso de una “dispensa retroactiva respecto a cuestiones de seguridad nacional” vinculada a toda ayuda a Egipto. Al igual que Sisi había doblegado a Kerry en sus demandas incluso de falsa democracia, la paciencia de Merkel también se había quebrado. ¿Acaso no podía Sisi haber complacido al capitalismo de estado de EEUU y de la UE, como le habían pedido, aunque hubiera sido con una apariencia de proceso democrático?

El hecho es que Sisi está dando sus últimos coletazos políticos y no puede hacer otra cosa que estar a la defensiva. Que una figura tan débil sea invitada a hacer una visita de Estado para poder firmar un acuerdo da alguna idea de la desesperación política de EEUU y la UE: A saber, que siguen duplicando las decisiones absurdas y que siguen tomando nuevas decisiones absurdas para negociar las consecuencias de sus anteriores decisiones absurdas. Antes de entrar en el motivo de la visita del circo egipcio a Berlín, veamos algo sobre Alemania:

El subimperio alemán en apuros

Antes de la introducción del euro, Alemania había sido la potencia industrial de Europa. Hacía de todo y más de lo necesario, importando sólo materias primas. Por eso, cuando su éxito exportador hizo subir el tipo de cambio del marco alemán, los gastos de la producción fabril se redujeron automáticamente. En la medida en que esto se reflejaba en una caída de la demanda, las compañías alemanas pudieron siempre permitirse reducir los precios. Sin embargo, y en gran medida debido a su calidad, la demanda de productos alemanes era bastante inelástica. Mantuvieron los precios de casi todo, consiguiendo aún mayores beneficios.

Fue una idea completamente loca que otras naciones europeas trataran de tener una moneda común con una economía como esa, a menos que pusieran en marcha algún tipo de revolución industrial estilo Meiji para ponerse al día. Pero Alemania iba muy por delante, gracias principalmente a que se beneficiaba desde 1953 de una quita sin precedentes de la deuda. Lo del euro se produjo porque los énarques (la elite de licenciados de la Escuela Nacional de Administración –ENA-, con más de 180 de coeficiente intelectual) del gobierno de François Mitterrand pensaron que Francia no podría sobrevivir de otro modo, pero arrastraron también a Italia, España et al a la trampa de la moneda común para liquidar cualquier posibilidad de devaluación competitiva.

Los alemanes no podían creerse su suerte. Para no alargar la historia, Alemania chupó la sangre de toda vida industrial del sur de Europa, cuyos gobiernos pensaron equivocadamente que los alemanes iban a comer bastantes más naranjas y pasarían bastantes más vacaciones en sus países para compensar la debacle industrial que iba a producirse. Pero los alemanes no consumen; están demasiado ocupados haciendo cosas. Si los italianos pensaban que las ventas de los Ferrari iban a dispararse, fueron los alemanes e hicieron que sus Porsche fueran mejores. Grecia, la más débil del paquete del sur europeo, se ha quedado completamente descalabrada, y su partido gobernante, Syriza, ha pedido ahora a los alemanes un acuerdo del estilo del suyo de 1953. ¡Ni hablar del peluquín!

Pero esto supone un problema serio para Alemania. Sus principales clientes están ahora al límite. No sólo eso, la maquinaria industrial china está elevando lentamente la cadena del valor añadido, amenazando el casi monopolio de Alemania en ciertos sectores del mercado mundial como el de adhesivos y turbinas. Esta situación es especialmente difícil para Siemens. El hecho de que Alemania haya dejado de invertir en la producción de energía tradicional supuso un revés doble. En esta economía mundial plana, si las viejas industrias tradicionales estaban sufriendo, la Unión Demócrata Cristiana (CDU, por sus siglas en alemán) de Merkel trataba de asegurar el crecimiento alemán protegiendo la relación neocolonial que su “Mittelstand” (el sector de las PYME) tiene con la Europa del Este.

La externalización a Polonia y la República Checa es increíblemente importante para la rentabilidad alemana. Sin embargo, respecto a Polonia, lo que está claro es que no puedes sujetar a los polacos. El antiguo centro neurálgico del mercado negro del Pacto de Varsovia no iba a perder la oportunidad obvia de una economía rusa al lado desesperada por encontrar la manera de mejorar su mediocre rendimiento industrial. Sería un desastre para Alemania que las firmas polacas empezaran a externalizarse por su cuenta hacia Rusia, donde no hay restricción alguna en las condiciones de trabajo.

La única respuesta que Merkel tuvo fue que Alemania tenía que encontrar un competidor de Polonia, uno que fuera a la vez una amenaza y un incentivo para los polacos desde el punto de vista de un entorno de bajo coste sin restricciones de salud y seguridad que pudieran explotar conjuntamente. Ucrania era perfecta para Polonia debido a la afinidad de sus dos diásporas en el über-Imperio. Para Alemania, arrastrar a Ucrania con falsos pretextos al ámbito de la Unión Europea crearía un enfrentamiento político con Rusia que podría después utilizarse para mantener a raya a todas las naciones de la Europa del Este. Sin embargo, esta cínica estratagema no iba a servirles con Vicktor Orban, de Hungría.

Pero, en un triple revés para Siemens –y para el resto del tradicional sector industrial alemán a gran escala-, el enfrentamiento con Rusia, con las sanciones y todo lo demás, supuso el clavo final en su ataúd. Era necesario un gran acuerdo y Egipto parecía ser la respuesta. Al infierno con todo el parloteo sobre los derechos humanos y la democracia, el acuerdo para las turbinas de gas con Egipto sería tan grande que haría “historia”.

El circo egipcio llega a la ciudad: la extraordinaria admisión de Sisi

A Sisi, como a Stalin, no le gustan los economistas. El mejor lugar para ellos es la cárcel. Viaja con un grupo de actores, comediantes y bailarines de la danza del vientre que le hacen compañía y le levantan el ánimo. No creo que esta alegre agrupación tuviera alguna idea acerca del desagradable recibimiento que iban a tener por parte de los manifestantes egipcios a su llegada al aeropuerto de Tegel. En cualquier caso, ¿para qué necesitaba él economistas si Merkel iba a darle 9.000 millones de dólares en equipamiento algo así como por la cara?

El acuerdo necesitaba de una visita de Estado. Pero esto constituía un problema político, como representantes de los derechos humanos como Selmin Çaliskan señalaron. El portavoz del parlamento alemán, Norbert Lammert, pudo ayudar a que la nación germana conservara cierto grado de dignidad negándose a reunirse con el jefe de la junta. Merkel, en su calidad de cancillera, tendría sin embargo que mantener esta ficción reprendiendo públicamente a Sisi por su historial respecto a los derechos humanos, ya que nadie suele escuchar mucho de Lammert. Cómo se supone que funcionan este tipo de cosas ha sido siempre un misterio para mí, pero creo que tiene algo que ver con lo que Friedrich Engels llamó acertadamente “falsa conciencia”. Sin embargo, lo que consiguió la reprimenda de Merkel a Sisi fue una admisión extraordinaria de un asediado Sisi: una admisión que empeorarían aún más las cosas a los intentos alemanes de salvar la cara.

Bajo las firmes presiones sufridas desde que llegó a Alemania, Sisi se había quedado también atrapado en un ascensor con Merkel durante más de una hora, por lo cual su conferencia de prensa comenzó muy tarde. El sudoroso y exhausto jefe del golpe militar, al responder a una pregunta de la prensa alemana admitió que –sí- que Morsi “había sido realmente elegido a través de medios democráticos y había ganado con el 51% del voto popular en unas elecciones libres y justas”, pero añadió: “El Presidente Morsi tuvo que ser derrocado por la fuerza porque el pueblo no disponía de una vía constitucional para echarle del poder después de sólo un año de mandato”.

Pueden decir lo que quieran, pero me parece a mí que las prisas de Merkel se van a volver en su contra, al igual que sus políticas en Ucrania. La conferencia de prensa empezó mal y acabó en desastre, con una estudiante egipcia, Fajr el-Adly, que se coló entre los periodistas en la Cancillería de Berlín y se puso a gritar “¡Asesino, asesino!” con un estridente tono femenino al desaliñado Sisi. La prensa mundial reprodujo el titular original del Washington Post: “La conferencia de prensa de Sisi termina con incidentes”, que se ajustó más tarde para señalar: “Manifestante interrumpe la conferencia de prensa con al-Sisi de Egipto”. Pero el meme estaba circulando ya por doquier.

Sin embargo, la admisión de Mursi no fue realmente un lapsus del tirano. Desde la muerte del rey Abdullah y la llegada del nuevo régimen en Arabia Saudí (contra el que se ha descubierto que Sisi había estado conspirando), su apoyo en Egipto ha ido desangrándose. Los oligarcas egipcios, con Naguib Saguiris al frente, ya se habían distanciado de él desde que Morsi insistió en el llamamiento para que pagaran los impuestos atrasados. Y ahora estaban conspirando con Mohamed bin Zayed, de Abu Dabi, supuestamente el último amigo que le quedaba a Sisi, para colocar en el poder a Ahmed Shafiq, que había perdido las elecciones frente a Morsi en 2012 y está ahora exiliado en algún lugar de los Emiratos.

Pero la ironía de todo ello es que Sisi –por su propia admisión- estaba apelando a la legitimidad de Morsi para socavar la de su potencial rival. Ni aún queriendo le habrían salido major las cosas.

Omar Qasim publica sus trabajos en la página web: http://different-traditions.com/